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"Mi mayor preocupación es que cuando yo muera y no esté, mi mujer venderá mi equipo de pesca por lo que le dije que me costó."


sábado

PESCA CON DOS GRANDES AMIGOS - Agosto 2009

A mi entender, el día de pesca no empieza cuando están las boyas en el agua, sino el día o los días anteriores con los preparativos. Que me compro líneas nuevas, que le cambio el nylon al reel, que afilo los anzuelos, que no tengo aceite, que me compro un copo porque el que tengo es chico y los pescados van a ser tan grandes que lo van a romper, que no les compré las cañas mojarreras a los nenes, en fin, hay miles de razones que nos impacientan antes de ir a pescar. ¿Quién no va a la casa de pesca el día anterior para ultimar detalles? Algunos no dormimos, otros se descomponen a causa de los nervios, como es el caso de Juan Esteban Teves (gran pescador de la zona que por motivos laborales lo tenemos en Bélgica), otros se pasan la noche armando líneas y cargando el vehículo para ahorrar tiempo al día siguiente, etc. Por eso este deporte tan hermoso tiene esa magia, esa ilusión y muchas sorpresas que no los tienen otros. No existen reglas taxativas ni rígidas, la pesca siempre nos sorprende por el modo en que se presenta. Sino es la bajada del anzuelo, es el color de boyas, sino el filete, la mojarra, la lombriz, al garete, anclado, de grafito, de carbono, frontal, rotativo, a fondo, flote, 3 boyas, 5 boyas, barranquín, paternóster, con trampa, sin trampa y muchas otras variantes que no vienen al caso.
Son por todas estas razones que nuestro día de pesca comienza de la siguiente manera: me contó un gran amigo, Rubén Compagnucci,
viejo pescador si los hay, que el mejor permiso de pesca no es el Provincial, ni el Nacional, sino un buen ramo de flores a la novia o esposa. Tal es así que el viernes por la noche, ramo de flores en mano, adquirí mi permiso para ir el sábado. El destino, como la última vez, era el Río de La Plata, por lo tanto, había que sí o sí ir a una casa de pesca, en mi caso, concurrí como siempre a la de “Papurri” para charlar y aprender los consejos de Maxi Zorzoli. Luego volví a mi casa y dejé todo listo.
Al sonido del despertador, 5:30 pegué un salto, me vestí, preparé dos termos con café con leche, compramos facturas y partimos para la Balandra.

Allí utilizamos los servicios de Pocho y Cuchuflo. Pocho es el hombre que maneja el carro y nos engancha el trailer, y Cuchuflo, su gran caballo que se encarga de remolcarnos hasta alcanzar suficiente profundidad como para prender el motor y salir navegando directamente sin mojarse. El servicio es excelente.
En el bote éramos tres. Quién redacta, Gabriel Facundo Aguirre Merolli, 24 años, estudiante de Derecho, Evaristo Salazar, 24 años, estudiante de Medicina, y don Rubén Compagnucci, un joven abogado jubilado de 78 años, quién además de pescar siempre más que nosotros y sacar el más grande, nos enseña muchísimo sobre este deporte tan maravilloso y es una excelente persona, con gran calidad humana.
Se ha oído decir que el pique estaba muy cerca de la costa, ¿pero tanto? Entramos aproximadamente unos 2500 mts y cortamos motor para tirar el ancla de capa. Luego de tirar la ceba, comenzó el pique.
Esta vez no comía bien, pero los piques eran una belleza. Tal es así que muchos fueron traídos del labio desde más de 80 metros. Cuando el reel se estaba por quedar sin nylon, se daban las mejores llevadas.
Al volver, vimos una docena de lanchas y botes pescando sólo a 500 metros de la costa, lo que nos llamó muchísimo la atención. Cuando iban llegando nos comentaban que el cardumen estaba ahí mismo, a no mas de 500 metros de la costa. Las demás lanchas hicieron una excelente pesca, llenando cajones de pejerreyes y en no más de 3 horas. Si bien nosotros nos fuimos contentos, ellos ni se lo imaginan.

El modo, siempre el mismo: líneas con 3 boyas grandotas y con trampa, en lo posible color verde limón, que además de verse mejor, dan mejores resultados. Algunos dicen que el verde es el color de la naturaleza y es por eso que rinden más, pero sinceramente, no lo sabemos.
Las bajadas, no más de 10 ctms y encarnando con una sola mojarra grande. Teníamos las 3 cañas de grafito y de 4 mts. de longitud, con acción de punta, lo que resulta indispensable para traer un pescado a semejante distancia. La mayoría de los piques se daban a 60 metros del bote.
Sacamos 27 pescados en dos horas. Como a las doce se levantó viento del sudoeste y lloviznaba suavemente, entonces decidimos volver. Hacía muchísimo frío, era como pescar adentro de un freezer, pese a que teníamos mas de 3 buzos y dos camperas cada uno, el frío no se podía aguantar, pero valió la pena semejante sacrificio. Al volver, Pocho y Cuchuflo nos esperaban para subir el bote.
Así concluyó nuestro día de aventura, espero que les haya resultado útil los datos de la jornada, y les deseo muchas y felices pescas en este 2009.


Gabriel Facundo Aguirre Merolli